¡¡Benditos sean los que responden a las llamadas de Nuestra Madre y Adoran a Jesús Eucaristía, presente en todos los Tabernaculos del mundo!!
Lo esencial de los mensajes del Cielo, es que realicen en nosotros una profunda conversión tan necesaria en estos tiempos, un fuerte impulso en la fé y en la asidua lectura de los Santos Evangelios. Que nos sintamos llamados a ser Iglesia, frecuentando los Sacramentos de la Confesión y la Eucaristía, a rezar diariamente el Santo Rosario, y a asistir frecuentemente a la Santa Misa.
«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.» (Papa Urbano VIII, 1636 )
SS. Pablo VI, con fecha 14 de Octubre de 1966, confirmó el Decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fé y permitió la publicación de escritos relacionados con apariciones sobrenaturales, "...la difusión de revelaciones privadas, no se anticipa al juicio de la Santa Madre Iglesia, Esposa Gloriosa de Cristo. Simplemente las propone a consideración de los hombres de buena voluntad..."
  
¡¡¡Mensajes importantes y actuales del Cielo para la humanidad!!!
(para ver las web´s, de estos mensajes, click en imagen, se pueden leer también más abajo, últimos mensajes)
1er Domingo de Agosto (FIESTA DE DIOS PADRE)
OCTAVA DE CONSAGRACIÓN A DIOS PADRE DE TODA LA HUMANIDAD

para hacer la octava click en imagen

VOLVAMOS A LA CASA PATERNA LA CONSAGRACIÓN
(Con Licencia Eclesiástica)

La octava de consagración se inicia el primer domingo de Agosto (pero se puede hacer en todo tiempo), preferiblemente en una Eucaristía dominical en la que nos consagraremos a la Santísima Virgen María, al Sagrado Corazón de Jesús y al Espíritu Santo con las oraciones que se adjuntan. Ese mismo día oraremos el primer día de la octava.

Durante la semana se harán los días respectivos de la octava y culminará el domingo siguiente con la gran fiesta de consagración a Dios Padre de toda la humanidad, es decir se comienza el primer Domingo de Agosto (fiesta de Dios Padre) y finaliza el segundo domingo de Agosto. Cabe hacer anotar que la consagración se puede realizar en cualquier otra época del año.

Las consagraciones a Jesús, María y al Espíritu Santo, preparan nuestros corazones a la Consagración al Padre de toda la Humanidad.

La octava es un acto de entrega voluntaria con un propósito fundamental: Iniciar el retorno a la Casa del Padre, donde vivamos en Su Reino y se haga Su Voluntad en Unidad, Armonía y Hermandad.
LAS HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
VEINTICUATRO HORAS DE LA PASION


Meditaciones sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo

Para acompañar a Nuestro Señor Jesucristo, en cada hora de su Pasión. 
Empieza hoy Jueves Santo a las 5h de la tarde hasta mañana Viernes Santo a las 5h de la tarde. 

Por Luisa Piccarreta , hija de la Divina Voluntad. (En proceso de beatificación)

Para hacer la horas consultar esta web:
http://www.theworkofgod.org/Spanish/Devotns/Stations/meditaciones_pasion_Jesus_Cristo.htm
NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA
 Para iniciar el Viernes Santo a las 3:00 p.m.
clik en imagen
Para poder recibir Indulgencia plenaría el Domingo de la Misericordia, con las debidas disposiciones: 
  Haberse confesado, haber hecho la Novena y comulgar en la Misa de la Fiesta de la Divina Misericordia que se celebra el segundo Domingo de Pascua.

 Para leer los mensajes dados a MDM, puedes ir a:

viernes, 18 de abril de 2014

Isaías 53:7-12

"Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero; como una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, no abrió su boca(...)


"Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero; como una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, no abrió su boca. Por medio de violencia y de juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte. Aunque nunca hizo maldad ni hubo engaño en su boca, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá descendencia, vivirá por largos días y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará sobre sí las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los poderosos repartirá el botín; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores".

La sepultura de Jesús

Mc. 15. 42-47 Lc. 23. 50-55 Jn. 19. 38-42
57 Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús, 58 y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. 59 Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. 61 María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.


Información sobre la Sábana Santa (click en imagen)

62 A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, 63 diciéndole: «Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: “A los tres días resucitaré”. 64 Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: “¡Ha resucitado!”. Este último engaño sería peor que el primero». 65 Pilato les respondió: «Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente». 66 Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

612-La noche del Viernes Santo. Lamento de la Virgen. El velo con el Rostro del Redentor.

María, ayudada de las mujeres, que lloran, vuelve en sí, y llora; su única fuerza consiste en llorar y llorar. Parece, verdaderamente como si su vida, hubiera de pasar y consumirse toda con ese llanto.

Quieren ofrecerle algo que le devuelva las fuerzas: Marta le ofrece un poco de vino; la dueña de la casa quisiera que tomara al menos un poco de miel; María de Alfeo, de rodillas delante de Ella, le ofrece una taza de leche tibia, diciendo: -Yo misma la he ordeñado, de la cabrita de la pequeña Raquel (será una hija de estos que están en casa de Lázaro, no sé si como inquilinos o como guardas). Pero María no quiere nada. Llorar, sólo llorar; y pedir y oír la promesa de que serán buscados apóstoles y discípulos, que serán buscadas lanza y vestiduras, y que, cuando sea de día -dado que ahora, de ninguna manera, quieren dejarla entrar- la dejarán entrar en la habitación del Cenáculo.

-Sí. Si estás un poco tranquila, si descansas un poco, te llevaré a es habitación - dice la cuñada - Nosotras dos entraremos y, de rodillas, buscaré para ti cualquier señal de Jesús... - dice María de Alfeo con un sollozo. -Fíjate. Aquí tienes la copa y el pan que Jesús partió usado por Él para la Eucaristía. ¿Qué recuerdo más santo que este? ¿Ves? Juan te los ha traído ya desde esta mañana, para que los vieras esta noche... Pobre Juan que está allí llorando, y con miedo… -¿Miedo? ¿Por qué? Ven, Juan.



¡Oh, esa lana, más cándida que la nieve, mientras la hilaba se volvía roja ante los ojos de Dios y los míos, porque mi corazón recibió una nueva herida por aquellas palabras... Las otras, después de años o meses, habían dejado de rezumar sangre, aunque no se hubieran cerrado. ¡Pero ésta...! Todos los días, cada hora que pasaba, me removía la espada el corazón: "¡Un día menos! ¡Una hora menos! ¡Y luego morirá!". ¡Oh!... Y el hilado en el huso o en el telar se me volvía rojo... Se ha materializado luego en el color, por causa del mundo... Pero ya era rojo...

María llora de nuevo(...)

sigue...

(...)Sí, Jesús, yo perdono, yo los amo. ¡Ah, se me parte el corazón en este perdón, en este amor! ¿Me oyes? ¿Oyes que los perdono y los amo? Ruego por ellos. Sí: ruego por ellos... Cierro los ojos para no ver estos objetos de tu tortura, para poder perdonarlos, para poder amarlos, para poder orar por ellos. Cada uno de estos clavos sirve para crucificar el movimiento mío de no perdonar, de no amar, de no orar por tus verdugos(...)

sigue...

(...)Esperando tu nacimiento, te preparaba fajos y pañales, hilando el hilo más suave de la Tierra. No tenía en cuenta su precio, con tal disponer de la hebra más lisa. ¡Qué lindo estabas envuelto en los fajos hechos por tu Mamá! Todos me decían: "¡Es hermoso tu Niño, Mujer!” ¡Eras hermoso! Asomaba tu carita rosada bajo el blancor del lino. Tenías dos ojitos más azules que el cielo, y la cabecita parecía - de tan rubio y esponjoso como tenías el pelito- envuelto en una niebla de oro; tenían tus cabellos sabor a flor de almendro recién abierta. Creían que te perfumaba. No. Mi tesoro tenía sólo el perfume de los fajos lavados por su Mamá, calentados en su corazón, besados con sus labios. Nunca me sentía cansada de trabajar para ti... ¿Y ahora? Ya no tengo nada que hacer para ti. Hacía tres años que estabas lejos de casa, pero seguías siendo el objeto de mis días. Pensar en ti, en tu ropa, en tu comida: amasar la harina y hacer pan, cuidar las abejas para darte la miel, tener cuidado de los árboles para que te dieran fruta. ¡Cómo amabas las cosas que te llevaba tu Madre! Ninguna comida de rica mesa, ningún indumento de tela preciosa, eran para ti como estas cosas tejidas, cosidas, cuidadas, recogidas por las manos de tu Madre. Cuando iba a donde Tú estabas, mirabas enseguida mis manos, como cuando eras pequeño y yo y José te dábamos modestos regalos para que sintieras que eras "nuestro" Rey. Nunca fuiste antojadizo, Niño mío. Lo que buscabas era el amor, que era tu alimento, y lo encontrabas en nuestras atenciones a ti. Ahora también hallabas, buscabas, lo mismo, ¡pobre Hijo mío tan poco amado del mundo!(...)

Del libro: Pasión y Muerte de Jesús (revelaciones de Jesús a María Valtorta)

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Revelaciones sobre la Pasión, ver:

Revelaciones de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, a Ana Catalina Emerich

Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Revelación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo) a la S.D. Luisa Piccarreta :

Relato de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, revelado por el Mismo Jesús a Catalina Rivas:

Revelaciones sobre la vida de la Virgen María, a María de Jesús de Ágreda: en el libro "La Mística Ciudad de Dios"

jueves, 17 de abril de 2014

Jueves Santo
 La Institución de la Eucaristía

Mc. 14. 22-25 Lc. 22. 19-20 1 Cor. 11. 23-25
"26 Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo». 27 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: «Beban todos de ella, 28 porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. 29 Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre»."


598.-Jueves Santo. Preparativos de la Cena pascual. La manifestación del Padre y el homenaje de los Gentiles.

Del libro:Preparación a la Pasión de Jesús

Palabras de Jesús a Mons. Ottavio Michelini:
 He dictado a María Valtorta, alma víctima, una obra maravillosa. Yo soy el autor de esta obra

(...)Al ver a las ovejas, los apóstoles se acuerdan del rito, y preguntan a Jesús, ya casi en el Getsemaní: -¿A dónde iremos a celebrar la cena pascual? ¿Qué lugar eliges? Dilo, e iremos a prepararlo todo - dicen.

Y Judas de Keriot:

-Dame indicaciones e iré.

-Pedro, Juan, oídme.

Los dos, que estaban un poco adelantados, se acercan a Jesús, que los ha llamado.

-Precedednos y entrad en la ciudad por la Puerta del Estiércol. Al entrar, encontraréis a un hombre que vuelve de En Rogel con una tinaja de aquella agua buena. Seguidlo hasta que entre en una casa. Diréis al que está en ella: "El Maestro dice: “¿Dónde está la habitación donde pueda celebrar la cena pascual con mis discípulos?". Él os mostrará un cenáculo grande ya dispuesto. Preparadlo todo allí. Id ligeros y luego venid al Templo. Ya estaremos nosotros en él.

Los dos se marchan a toda prisa.

Jesús, sin embargo, camina lentamente. En realidad está todavía fresca la mañana, y por los caminos que introducen en la ciudad empiezan ahora a aparecer los primeros peregrinos. Cruzan el Cedrón por el puentecillo que hay antes del Getsemaní.

Entran en la ciudad. Las puertas, quizás por una contraorden de Pilatos, tranquilizado por la ausencia de disputas con centro en Jesús, no están ya vigiladas por los legionarios. Efectivamente, reina en todas partes la máxima calma(...)

sigue...

559.-La llegada al Cenáculo y el adiós de Jesús a su Madre.

(...)Veo el cenáculo donde ha de celebrarse la cena pascual. Lo veo con claridad. Podría enumerar todas las rugosidades de las paredes y las grietas del suelo. Es una habitación grande, no perfectamente cuadrada, pero también poco rectangular. Habrá, como mucho, una diferencia de un metro o poco más entre el lado más largo y el más corto. El techo es bajo; quizás da esta impresión también por sus amplias dimensiones no proporcionadas con la altura. Es un techo levemente combado; concretamente, los dos lados más cortos no terminan en ángulo recto con el techo, sino en un ángulo rebajado hecho así: En estos dos lados más cortos hay dos anchas ventanas, anchas y bajas, una enfrente de la otra. No veo a dónde dan; si a un patio o a la calle, porque ahora tienen las contraventanas cerradas. He dicho: contraventanas. No sé si será exacto el término.

Son hojas, de tablones, bien cerradas por una barra de hierro que las pasa de una a otra jamba.

El suelo está hecho de grandes losas de terracota, descoloridas por el paso del tiempo, cuadradas.

Del centro del techo cuelga una lámpara de aceite, de varias boquillas.

De las dos paredes más largas, una no tiene ninguna abertura, mientras que la otra tiene una puertecita en un ángulo; se tiene acceso a ésta por una escalerita sin barandilla y de seis peldaños, que terminan en una meseta de un metro cuadrado en la que hay, dentro de la pared, otro escalón, al filo del cual se abre la puerta. Las paredes están simplemente blanqueadas, sin listas o rayas. En el centro de la habitación, una mesa grande, rectangular, muy larga respecto a su anchura, colocada paralela a la pared más larga, de madera y sencillísima. Contra las paredes largas, lo que serán los asientos; contra las cortas, debajo de las ventanas, en una de ellas, una especie de arquibanco que tiene encima jofainas y ánforas; bajo la otra ventana, un aparador bajo y largo, sobre cuyo plano superior, por ahora, no hay nada.

Y ésta es la descripción de la habitación donde se celebrará la cena pascual. Todo el día de hoy llevo viéndola claramente; tanto que he podido contar los escalones y observar todos los detalles. Ahora, dado que anochece, mi Jesús me conduce al resto de la contemplación.

Veo que la habitación, por la escalera de los seis peldaños, lleva a un pasillo oscuro que, a la izquierda respecto a mí, se abre a la calle con una puerta ancha, baja y muy robusta, reforzada con bullones y barras de hierro. Frente a la puertecita que del cenáculo lleva al pasillo hay otra puerta, que lleva a otra habitación, menos grande. Yo diría que el cenáculo se ha hecho aprovechando un desnivel del suelo respecto al resto de la casa y de la calle; es como un semisótano, una bodega semienterrada, o limpiada o adaptada, pero, en todo caso, hundida al menos un metro en el suelo, quizás para hacerlo más alto y proporcionado a sus vastas dimensiones. En la habitación que ahora veo está María con otras mujeres. Reconozco a María Magdalena y a María madre de Santiago, Judas y Simón. Da la impresión de que acaban de llegar, acompañadas por Juan, porque se están quitando los mantos y los están dejando doblados en los taburetes que hay diseminados por la habitación, mientras se despiden del apóstol, que se marcha, y saludan a una mujer y a un hombre, que han venido, a su vez, a saludarlas, y que me parece que son los dueños de la casa, y también discípulos o simpatizantes del Nazareno, porque se manifiestan llenos de solicitud y respetuosa confidencia hacia María, la cual está vestida de color celeste oscuro, un azul de añil oscurísimo. Lleva en la cabeza un velo blanco (que aparece cuando se quita el manto, que le cubría también la cabeza). Su cara se ve muy ajada. Parece envejecida María. Muy triste, a pesar de sonreír con dulzura. Muy pálida. También sus movimientos son cansinos y vacilantes, como los de una persona absorten un pensamiento suyo.

Por la puerta entreabierta veo que el dueño de la casa va y viene al pasillo y al cenáculo. Enciende éste completamente, prendiendo los restantes mecheros de la lámpara. Luego va a la otra puerta de la calle y la abre. Entra Jesús con los apóstoles.

Veo que anochece, porque las sombras de la noche descienden ya sobre la estrecha calle que pasa entre casas altas.

Viene con todos los apóstoles. Saluda al propietario con su habitual: «Paz a esta casa» y luego, mientras los apóstoles bajan al cenáculo, Él entra en la habitación donde está María. Las pías mujeres saludan con profundo respeto y se marchan, cerrando la puerta y dejando así libres a la Madre y al Hijo. Jesús abraza a su Madre y la besa en la frente. María besa primero la mano de su Hijo y luego lo besa en la mejilla derecha. Jesús invita a su Madre a que se siente -hay dos taburetes, cerca el uno del otro-, y Él se sienta al lado. La ha invitado a sentarse acompañándola de la mano a los taburetes, y sigue agarrándole la mano aun cuando Ella ya se ha sentado.

También Jesús está absorto, pensativo, triste, a pesar de que se esfuerce en sonreír. María estudia ansiosa la expresión de su Hijo. ¡Pobre Mamá, que por la gracia y por el amor comprende qué momento es éste! Contracciones de dolor recorren el rostro de María, sus ojos se dilatan por una interna visión de agudo dolor. Pero no crea un drama. Su porte es majestuoso, como el del Hijo(...)

sigue...

(...)Ahora quiero daros un alimento para el espíritu. No es un plato del rito antiguo; es del nuevo rito. Yo quise bautizarme antes de ser el "Maestro". Para esparcir la Palabra bastaba ese bautismo. Ahora será derramada la Sangre. Vosotros necesitáis otro lavacro, aunque os hayáis purificado (con Juan el Bautista en su momento y hoy también, en el Templo). No es suficiente. Venid para que os purifique. Suspended la comida. Hay algo más importante que la comida que se da al vientre para que se llene, aunque sea alimento santo, como este del rito pascual; y ello es un espíritu puro, en disposición de recibir el don del cielo que ya desciende para hacerse un trono en vosotros y daros la Vida. Dar la Vida a quienes están limpios.

Jesús se levanta -debe también alzarse Juan, para dejar a Jesús salir mejor de su sitio-, va a un arquibanco y se quita la túnica roja; la pone doblada encima del manto, ya doblado, se ciñe a la cintura una toalla grande, luego va a otra palangana, que todavía está vacía y limpia. Echa en ella agua, lleva la palangana al centro de la habitación, junto a la mesa, y la pone encima de un taburete. Los apóstoles lo miran estupefactos.

-¿No me preguntáis que qué hago?

-No lo sabemos. Te digo que ya estamos purificados - responde Pedro.

-Y Yo te repito que eso no importa. Mi purificación le sirve al que ya está purificado para estarlo más.

Se arrodilla. Desata las sandalias a Judas Iscariote y le lava los pies; uno primero, otro después. Es fácil hacerlo, porque los triclinios están hechos de tal manera que los pies quedan hacia la parte externa. Judas está estupefacto. No dice nada. Pero, cuando Jesús, antes de calzar el pie izquierdo y levantarse, pone el gesto de besarle el pie derecho ya calzado, Judas retrae bruscamente el pie y da un golpe con la suela en la boca divina. Lo hace sin querer. No es un golpe fuerte, pero a mí me causa mucho dolor. Jesús sonríe, y, al apóstol, que le dice: «¿Te he hecho daño? Ha sido sin querer... Perdona», le responde: -No, amigo. Lo has hecho sin malicia y no hace daño.

-Judas lo mira... Es una mirada inquieta, huidiza...Jesús pasa a Tomás, luego a Felipe... Rodea el lado estrecho de la mesa y va donde su primo Santiago. Lo lava, y lo besa en la frente al levantarse. Pasa a Andrés, que está rojo de vergüenza y hace esfuerzos por no llorar; lo lava, lo acaricia como a un niño. Luego está Santiago de Zebedeo, que no hace sino susurrar: « ¡Oh, Maestro! ¡Maestro! ¡Maestro! ¡Anonadado y sublime Maestro mío!». Juan se ha desatado ya las sandalias y, mientras Jesús está agachado secándole los pies, él se inclina y lo besa en el pelo. ¡Pero, a Pedro!... ¡No es fácil convencerlo para este rito! -¿Tú lavarme a mí los pies? ¡Ni por asomo! Mientras viva, no te lo permitiré. Yo soy un gusano, Tú eres Dios. Cada uno en su lugar.

-Lo que Yo hago tú no puedes comprenderlo por ahora. Más adelante lo comprenderás. Déjame.

-Todo lo que Tú quieras, Maestro. ¿Quieres cortarme el cuello? Hazlo. Pero no me lavarás los pies.

-¡Oh, mi Simón! ¿No sabes que si no te lavo no tendrás parte en mi Reino? ¡Simón, Simón! Necesitas esta agua para tu alma y para el mucho camino que debes recorrer. ¿No quieres venir conmigo? Si no te lavo, no vienes a mi Reino.

-¡Oh, Señor mío bendito! ¡Pues entonces lávame todo! ¡Los pies, las manos y la cabeza!

-El que, como vosotros, se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque ya está enteramente purificado. Los pies... El hombre con los pies camina sobre cosas sucias. Y ello sería poco, pues ya os dije que lo que ensucia no es lo que entra y sale con el alimento, ni contamina al hombre lo que se pega a los pies por el camino. No. Lo que le contamina es lo que incuba y madura en su corazón y de allí sale y contamina sus acciones y sus miembros. Y los pies del hombre de corazón no limpio se dirigen hacia la crápula, la lujuria, los tratos ilícitos, los delitos... Por tanto, son, de entre los miembros del cuerpo, los que tienen mucha parte que purificar... como también los ojos, y la boca... ¡Oh, hombre!, ¡hombre!, ¡perfecta criatura un día, el primero, y luego tan corrompido por el Seductor! ¡Y no había en ti malicia, oh hombre, ni pecado!... ¿Y ahora? ¡Eres todo malicia y pecado y no hay parte en ti que no peque! Jesús ha lavado los pies a Pedro. Los besa. Y Pedro llora y toma con sus gruesas manos las dos manos de Jesús, se las pasa por los ojos y las besa luego. También Simón se ha quitado las sandalias y, sin decir nada, se deja lavar. Pero luego, cuando Jesús está ya para pasar a Bartolomé, Simón se arrodilla, le besa los pies y dice: -¡Límpiame de la lepra del pecado como me limpiaste de la lepra del cuerpo, para no quedar confundido en la hora del juicio, Salvador mío!

-No temas, Simón. Vendrás a la Ciudad celeste, blanco como nieve alpina. -¿Y yo, Señor? ¿A tu viejo Bartolmái qué le dices? Me viste a la sombra de la higuera y leíste mi corazón. ¿Ahora qué ves?, ¿dónde me ves? Tranquiliza a este pobre anciano que teme no tener ni fuerza ni tiempo para llegar a como quieres que seamos. Se le ve muy emocionado a Bartolomé. -Tampoco temas tú. En aquel momento dije: "He aquí a un verdadero israelita en quien no hay engaño". Ahora digo: "He aquí a un verdadero cristiano digno del Cristo". ¿Que dónde te veo? Sentado en un trono eterno, vestido de púrpura. Yo estaré siempre contigo. Le toca el turno a Judas Tadeo, el cual, cuando ve a sus pies a Jesús, no sabe contenerse y reclina la cabeza sobre el brazo que tiene apoyado en las mesa y llora. -No llores, dulce hermano. Te sientes como uno que debiera soportar que le arrancasen un nervio, y te parece que no puedes soportarlo. Pero será un dolor breve. Luego... ¡serás feliz, porque me quieres! Te llamas Judas. Y eres como nuestro gran Judas (1 Macabeos 3, 1-9): como un gigante. Eres el protector. Tus acciones son de león y cachorro de león rugientes. Desanidarás a los impíos, que ante ti retrocederán, y los inicuos sentirán terror. Yo sé las cosas. Sé fuerte. Una eterna unión estrechará y hará perfecto nuestro parentesco, en el Cielo - Lo besa también a él, en la frente, como a su otro primo. -Yo soy pecador, Maestro. A mí no... -Eras pecador, Mateo. Ahora eres el Apóstol. Eres una "voz" mía. Te bendigo. ¡Cuánto camino han recorrido estos pies para avanzar sin cesar, hacia Dios!... El alma los incitaba y ellos han abandonado todo camino que no fuera mi camino. Continúa. ¿Sabes dónde termina el sendero? En el seno del Padre mío y tuyo. Jesús ha terminado. Deja la toalla, se lava en agua limpia las manos, se pone de nuevo la túnica, vuelve a su sitio y, al sentarse, dice: -Ahora estáis limpios, aunque no todos. Sólo los que han tenido la voluntad de estarlo.

Mira fijamente a Judas de Keriot, que ha hecho como si no hubiera oído, ocupado en explicar a su compañero Mateo cómo su padre se decidió a mandarlo a Jerusalén: palabras inútiles que tienen para Judas -quien, a pesar de su audacia, debe sentirse incómodo- la única finalidad de guardar las apariencias.

Jesús vierte vino por tercera vez en el cáliz común. Bebe. Ofrece de beber. Luego canta, y los otros le siguen en coro: «Amo porque el Señor escucha la voz de mi oración, porque inclina su oído hacia mí. Le invocaré durante toda mi vida. Me rodeaban dolores de muerte» etc. (Según la numeración de la Neovulgata, se recitan por orden: Salmo 116 (que agrupa el 114 y el 115 de la Vulgata), Salmo 117, Salmo 118 (largo himno), Salmo 119 (el que no termina nunca)

Un momento de pausa. Luego sigue cantando: «Tuve fe y por eso hablé. Me había humillado profundamente y en medio de mi turbación decía: "Todo hombre es mentiroso"». Mira fijo a Judas.

La voz de mi Jesús, esta noche cansada, recobra fuerza cuando exclama: «Valiosa es ante los ojos de Dios la muerte de los santos» y «Has roto mis cadenas. Te ofreceré un holocausto de alabanza invocando el nombre del Señor» etc. etc. (Salmo 115).

Otra breve pausa en el canto, y luego continúa: «Alabad todas al Señor, naciones, todos los pueblos alabadlo. Porque se ha afianzado en nosotros su misericordia y la verdad del Señor permanece eterna».

Otra breve pausa y luego un largo himno: «Celebrad al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia...». Judas de Keriot canta tan desentonado, que Tomás dos veces lo conduce al tono con su potente voz de barítono y lo mira fijamente. También los otros lo miran, porque, por lo general está siempre bien entonado, y de su voz, como de todas las otras cosas -lo he podido comprender- se siente orgulloso. ¡Pero esta noche! Ciertas frases le turban, hasta el punto de que le salen gallos, y lo mismo ciertas miradas de Jesús que subrayan las frases. Una de estas frases es: «Es mejor confiar en el Señor que confiar en el hombre». Otra es: «Se me empujó y vacilaba, y estaba para caer. Pero el Señor me sujetó». Otra es: «No moriré, sino que viviré y referiré las obras del Señor». Y, en fin, estas dos que voy a decir, le estrangulan la voz al Traidor en la garganta: «La piedra desechada por las constructores ha venido a ser piedra angular» y « ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!».

Acabado el salmo, mientras Jesús corta y de nuevo pasa trozos de cordero, Mateo pregunta a Judas de Keriot: -¿Te encuentras mal? -No. Déjame tranquilo. No te preocupes de mí. -Mateo se encoge de hombros. Juan, que ha oído esto, dice: -Tampoco el Maestro está bien. ¿Qué te sucede, Jesús mío? Tienes la voz quebrada; como la de un enfermo o la de uno que haya llorado mucho - y lo abraza, estando con la cabeza apoyada en el pecho de Jesús(...)

sigue...

(...)Vierte de nuevo vino en el cáliz común y, antes de beber de él y de pasarlo para que beban, se levanta, y con Él se levantan todos, y canta otra vez uno de los salmos de antes: «Tuve fe y por eso hablé... » Y luego uno que no termina nunca. ¡Hermoso... pero eterno! Creo identificarlo, por el comienzo y lo largo que es, como el salmo 118. Lo cantan así: un trozo todos juntos; luego, por turnos, uno dice un dístico y los otros, juntos, un trozo; y así hasta el final. ¡Yo creo que al final tienen que sentir sed! Jesús se sienta. No se recuesta; se queda sentado, como nosotros. Y habla: -Ahora que el antiguo rito ha sido cumplido, voy a celebrar el nuevo. Os he prometido un milagro de amor. Es la hora de realizarlo. Por esto he deseado esta Pascua. De ahora en adelante, ésta será la hostia inmolada en perpetuo rito de amor. Os he amado durante toda la vida de la Tierra, amigos amados. Os he amado durante toda la eternidad, hijos míos. Y quiero amaros hasta el final. No hay cosa mayor que ésta. Recordadlo. Yo me marcho. Pero permaneceremos siempre unidos mediante el milagro que voy a cumplir ahora. Jesús toma un pan todavía entero. Lo pone encima del cáliz, que está completamente lleno. Bendice y ofrece ambos, luego parte el pan y toma de él trece trozos. Se los da, uno a uno, a los apóstoles, y dice: -Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo. Haced esto en memoria mía, que me marcho. Pasa el cáliz y dice: -Tomad y bebed. Ésta es mi Sangre. Éste es el cáliz del nuevo pacto en la Sangre y por la Sangre mía, que será derramada por vosotros para el perdón de vuestros pecados y para daros la Vida. Haced esto en memoria mía. Jesús está tristísimo. Toda huella de sonrisa, de luz, de color, lo han abandonado. Su rostro es ya de agonía. Los apóstoles lo miran angustiados. Jesús se levanta y dice: -No os mováis. Vuelvo enseguida». Toma el trozo decimotercero de pan y el cáliz y sale del Cenáculo. -Va donde su Madre - susurra Juan. Y Judas Tadeo suspira: -¡Pobre mujer! Pedro pregunta en voz baja: -¿Crees que Ella sabe? -Sabe todo. Siempre lo ha sabido todo(...)

Del libro: Preparación a la Pasión de Jesús:
http://www.santisimavirgen.com.ar/obra_maria_valtorta.htm

Del libro : Pasión y Muerte de Jesús
 (Revelaciones de Jesús a María Valtorta)


Palabras de Jesús a Mons. Ottavio Michelini:  
"He dictado a María Valtorta, alma víctima, una obra maravillosa. Yo Soy el Autor de esta obra"

602-. Hacia el Getsemaní con once apóstoles. La agonía y el prendimiento 

(...)-Simón: es mi hora de pasión. Para que sea más completa, el Padre, a medida que ésta se va aproximando, me retira la luz. Dentro de poco tendré sólo tinieblas y la contemplación de lo que son tinieblas: o sea, todos los pecados de los hombres. No puedes, no podéis entender. Ninguno, excepto el llamado por Dios a ello por especial misión, comprenderá esta pasión en la gran Pasión; y, dado que el hombre es material incluso en el amar y en el meditar, habrá quien llore y sufra por mis golpes, por las torturas del Redentor; pero no se medirá esta espiritual tortura que -creedlo vosotros que me escucháis- será la más atroz...(...)

sigue...

(...)-Ahora vamos a separarnos. Yo voy arriba, a orar. Quiero conmigo a Pedro, Juan y Santiago. Vosotros quedaos aquí. Y si os vierais en grave apuro, llamad. Y no temáis. No os tocarán ni un pelo. Orad por mí. Deponed el odio y el miedo. Será sólo un momento... Luego el júbilo será completo. Sonreíd. Que lleve Yo en mi corazón vuestras sonrisas. Y, una vez más, gracias por todo, amigos. Adiós. Que el Señor no os abandone...Jesús se echa a andar y se separa de los apóstoles, mientras Pedro pide la antorcha a Simón, después de que éste ha encendido con ella ramas secas resinosas, que arden crujiendo en el extremo del olivar y expanden olor de enebro. Me aflige ver a Judas Tadeo mirar a Jesús con tan intensa y doliente mirada, que Jesús se vuelve buscando al que lo ha mirado. Pero Judas Tadeo se esconde detrás de Bartolomé y se muerde los labios para contenerse.

Jesús hace un gesto con la mano, entre una bendición y un adiós, y luego prosigue su camino. La Luna, ya bien alta, envuelve con su luz la alta figura de Jesús, y parece hacerla más alta incluso, espiritualizándola, haciendo más clara la túnica roja y más pálido el oro de sus cabellos. Detrás de Él, aceleran el paso Pedro -con la antorcha- y los dos hijos de Zebedeo. Prosiguen hasta el límite del primer desnivel del rústico anfiteatro del olivar, cuya entrada sería el calvero irregular y cuyas gradas serían las terrazas, que ascienden formando escalones de olivos en el monte. Luego Jesús dice: -Deteneos, esperadme aquí mientras oro. Pero no os durmáis. Podría necesitaros. Y os lo pido por caridad: ¡orad!

Vuestro Maestro está muy abatido.

En efecto, su abatimiento es ya profundo. Parece ya bajo un peso que lo oprime. ¿Dónde está ese Jesús vigoroso que hablaba a las multitudes, hermoso, fuerte, de mirada dominadora, sonrisa serena, voz sonora y bellísima? Parece ya apoderarse de Él la congoja. Es como uno que hubiera corrido o llorado. Tiene voz cansada, entrecortada. Está triste, triste, triste...

Pedro responde por los tres:

-Puedes estar tranquilo, Maestro. Vigilaremos y estaremos en oración. Sólo tienes que llamarnos e iremos.

Y Jesús los deja mientras los tres se agachan para recoger hojas y ramos secos y encender así una hoguerita que sirva para mantenerlos despiertos y combatir el relente, que empieza a descender abundante. Camina, dándoles la espalda, de occidente a oriente; de forma que tiene de frente la luz lunar. Veo que un gran sufrimiento dilata aún más sus ojos. Quizás es un bistre de cansancio lo que los agranda, o quizás es la sombra del arco superciliar; no lo sé. Sé que tiene los ojos más abiertos y hundidos. Sube cabizbajo. Sólo de vez en cuando alza la cabeza, suspirando como si le costara esfuerzo y jadeara, y entonces recorre con su mirada tristísima el plácido olivar. Sube algunos metros. Luego tuerce por detrás de una elevación que queda entre Él y los tres dejados más abajo.

Este saliente de la ladera, que al principio tiene una altura de pocos decímetros, es cada vez más alto, y, después de un pequeño trecho tiene ya una altura de más de dos metros, de forma que resguarda completamente a Jesús de toda mirada más o menos discreta y amiga. Jesús prosigue hasta una voluminosa piedra que en un determinado punto corta el senderillo (una roca que quizá ha sido puesta como sostén de la vertiente que hacia abajo cae más inclinada y desnuda hasta un inerte cúmulo de piedras que precede a los muros tras los que está Jerusalén, y que hacia arriba sigue subiendo con más terrazas y más olivos).

Junto a esta voluminosa piedra, justo un poco más arriba, prominente, hay un olivo todo nudoso y retorcido: parece un caprichoso signo de interrogación puesto por la naturaleza para preguntar algún porqué. Sus tupidas ramas en la cima de su copa responden a la pregunta del tronco, diciendo ora "sí" plegándose hacia el suelo, ora "no" moviéndose de derecha a izquierda, al son de un leve viento que sopla a intervalos entre las frondas, y que a veces huele sólo a tierra, a veces a ese olor amargoso de los olivos, y a veces trae una mezcla de perfume de rosas y muguetes que quién sabe de dónde pueda venir(...)

sigue...

(...)Es una larga, ardiente oración. De vez en cuando, un suspiro y alguna palabra más nítida. No es un salmo, no es un Pater; es una oración hecha del amor y necesidad que de Él brotan: verdadera elocución dirigida a su Padre. Lo comprendo por las pocas palabras que capto: «Tú lo sabes... Soy tu Hijo... Todo. Pero ayúdame... Ha llegado la hora... Yo ya no soy de la Tierra.


Cesa toda necesidad de ayuda a tu Verbo... Que el Hombre te aplaque como Redentor, de la misma forma que la Palabra te ha sido obediente... Lo que Tú quieras... Para ellos te pido piedad. ¿Los salvaré? Esto te pido. Así lo quiero: salvados del mundo, de la carne, del demonio... ¿Puedo pedir aún? Es una petición justa, Padre mío. No para mí. Para el hombre, que es creación tuya y que quiso transformar en barro también su alma. Yo echo en mi dolor y en mi Sangre ese barro, para que vuelva a ser esa incorruptible esencia del espíritu grato a ti... Y está por todas partes. Él es rey esta noche. En el palacio y en las casas. Entre los soldados y en el Templo... La ciudad está henchida de él, y mañana será un infierno...Jesús se vuelve, apoya su espalda en la roca y cruza los brazos. Mira a Jerusalén. La cara de Jesús va tomando una expresión cada vez más triste. Susurra: -Parece de nieve... y es toda ella un pecado. ¡A cuántos he curado también en ella! ¡Cuánto he hablado!... ¿Dónde están los que parecían serme fieles?...Jesús agacha la cabeza y mira fijamente al suelo, cubierto de hierba corta, brillante de rocío. Pero, aunque tenga la cabeza baja, comprendo que está llorando, porque algunas gotas, al caer de la cara al suelo, brillan. Luego levanta la cabeza, separa los brazos y une las manos más arriba de la cabeza, y las mueve manteniéndolas unidas.

Luego anda. Regresa donde los tres apóstoles, que están sentados alrededor de su hoguerita de hornija. Los encuentra medio dormidos. Pedro ha apoyado su espalda en un tronco, y, cruzados los brazos, cabecea, envuelto por las primeras brumas de un fuerte sueño. Santiago está sentado -también su hermano- encima de una gruesa raíz que sobresale del suelo y sobre la cual han extendido los mantos para sentir menos las protuberancias; pero, a pesar de estar más incómodos que Pedro, también están adormilados. Santiago tiene su cabeza relajada sobre el hombro de Juan, y éste tiene la suya apoyada en el de su hermano, como si el duermevela los hubiera inmovilizado en esa postura. -¿Dormís? ¿No habéis sabido velar una hora tan sólo? ¡Tengo mucha necesidad de vuestro consuelo y vuestras oraciones!

Los tres se sobresaltan, confundidos. Se restriegan los ojos. Susurran una disculpa. Atribuyen la primera causa de este estado suyo de duermevela al esfuerzo de digerir:

-Es el vino... la comida... Pero se pasa ahora. Ha sido un momento. No sentíamos ganas de hablar y esto nos ha llevado al sueño. Pero ahora vamos a orar en voz alta y no se va a repetir esto.

-Sí. Orad y velad. También para vosotros lo necesitáis.

-Sí, Maestro. Te obedeceremos.

Jesús se marcha de nuevo. La Luna de tan fuerte claror de plata, que va haciendo ver cada vez más pálida la túnica roja, como si la cubriera de un blanco polvo brillante-, ilumina su rostro y me lo muestra desconsolado, doliente, envejecido. Sus ojos siguen bien abiertos, pero parecen empañados; su boca presenta un frunce de cansancio(...)

Extractos, tomados de dos, de los Tomos de :
"Los Evangelios como me fueron revelados", revelados por Jesús a María Valtorta.

Del tomo:"Preparación para la Pasión"del capitulo 598 al 600, "Jueves Santo. Preparativos de la Cena pascual. La manifestación del Padre y el homenaje de los Gentiles". hasta "La Última Cena Pascual"  
y del tomo, "Pasión y Muerte de Jesús": del capitulo 601 "Pasión y Muerte de Jesús" y del 602, "Hacia el Getsemaní con once apóstoles. La agonía y el prendimiento".

ver completo aquí
http://www.santisimavirgen.com.ar/obra_maria_valtorta.htm

o aquí

Ver completo, "Preparación para la Pasión" (hasta el capitulo 600) :
http://www.reinadelcielo.org/downloads/6preparacion.pdf

y a continuación,  ver completo, "Pasion y Muerte de Jesús" ( a partir del capitulo 601):
http://www.reinadelcielo.org/estructura.asp?intSec=2&intId=130
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Extractos de la Pasión de Nuestro Señor, del libro: "La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo", según revelaciones a la  Beata Ana Catalina Emmerick:
 Ver en:
http://www.corazones.org/santos/ana_catalina_emmerick_libro1.htm

miércoles, 16 de abril de 2014

PRONTO VIVIRÉIS LOS MISTERIOS DE MI REDENCIÓN Y NI TODAS LA MENTES JUNTAS PUEDEN COMPRENDER EL TESORO INFINITO QUE ES MI REDENCIÓN

 14 DE ABRIL DE 2014


Hijos Míos, Soy Jesús de Nazaret quien os habla, Vuestro Redentor. Pronto viviréis los misterios de Mi Redención y os digo, ni todas la mentes juntas de los cristianos, ni aun siquiera de la Humanidad entera, pueden alcanzar a comprender el tesoro infinito que es para todos Mi Redención.  Y lo que más nos duele en el Cielo es que muchas almas se perderán y no aprovecharan Mis sufrimientos. Yo, Jesús, os hablo.

Yo no os pido que entendáis más de lo que vuestra inteligencia alcanza, os pido que creáis, porque en el Cielo los Ángeles y bienaventurados se maravillan eternamente de hasta donde llegó Mi amor, y es por mi amor y mi sacrificio perpetuo, que Mi Padre Celestial frena de males muy grandes que vendrían a esta Humanidad pecadora, porque Él cuando contempla Mi amor (hacia las almas), Se aplaca y todo lo soporta mirándome a Mí que Soy Su Hijo predilecto. Yo, Jesús, os hablo.

Esto lo habéis oído muchos de vosotros desde pequeños y ya no os hace ni efecto, porque las cosas os la explicaron mal o mediocremente, por eso, aunque lo oís no os dice nada, y sin embargo, si un familiar o un amigo hiciera cualquier cosa por vosotros como donaros sangre, o prestaros un dinero, lo alabaríais el resto de vuestras vidas. Sí, hijos sí, así sois vosotros, que alabáis a quienes os hacen un poco de bien, muchas veces por compromiso  o por interés, y a  Mí ni Me consideráis, después de todo lo que hice por vosotros para salvaros y abriros las puertas del Cielo. Yo, Jesús, os hablo.

Por eso el dolor tan grande que es que las almas se pierdan y se pierdan eternamente, porque hijos. ya no hay retorno del Infierno, el que entra en el permanecerá allí eternamente, y parece que esto  no os importa. ¡Ay hijos! que dolor para mi Madre ver que Mis dolores a tantos no aprovecharan, porque voluntariamente no desean nada Conmigo. Yo, Jesús, os hablo.

Yo busco a la oveja perdida, aquellas almas que nunca Me blasfemaron, ni Me rechazaron pero que viven en un estado de letargo espiritual porque tampoco nadie las asesoró ni les habló de Mí. Yo las busco y nos la dejo morir en desgracia eterna, así que hijos, tratad de darme a conocer como es conveniente, poniendo todo el énfasis y el amor correspondiente a Mi Redención santísima que tanto aplacó la ira de Mi Padre que aun hoy en el presente del Cielo, la misma hace que El tenga misericordia de las almas y aplaque el rigor de su justicia. Yo, Jesús, os hablo y os instruyo.

Benedicto XVI pide buscar siempre la belleza de la liturgia


PARIS, 13 Sep. 08 / 05:29 am (ACI).- El Papa Benedicto XVI alentó a sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos, a procurar que las“liturgias de la tierra” hagan presentir la belleza “de la liturgia, que se celebra en la Jerusalén de arriba, meta de nuestra peregrinación en la tierra”.

Desde la Catedral de Notre Dame de Paris, donde presidió el rezo de las Vísperas solemnes, Benedicto XVI consideró que “las liturgias de la tierra, ordenadas todas ellas a la celebración de un Acto único de la historia, no alcanzarán jamás a expresar totalmente su infinita densidad”.

“En efecto, la belleza de los ritos nunca será lo suficientemente esmerada, lo suficientemente cuidada, elaborada, porque nada es demasiado bello para Dios, que es la Hermosura infinita. Nuestras liturgias de la tierra no podrán ser más que un pálido reflejo de la liturgia, que se celebra en la Jerusalén de arriba, meta de nuestra peregrinación en la tierra. Que nuestras celebraciones, sin embargo, se le parezcan lo más posible y la hagan presentir”, indicó.

 “¡Qué maravilla reviste nuestra actividad al servicio de la divina Palabra! Somos instrumentos del Espíritu; Dios tiene la humildad de pasar a través de nosotros para sembrar su Palabra. Llegamos a ser su voz después de haber vuelto el oído a su boca. Ponemos su Palabra en nuestros labios para ofrecerla al mundo. La ofrenda de nuestra plegaria le es agradable y le sirve para comunicarse con todos los que nos encontramos”, agregó.

En este sentido, recordó que “la Palabra de Dios nos ha sido dada para ser el alma de nuestro apostolado, el alma de nuestra vida de sacerdotes. A lo largo de la jornada, la Palabra de Dios se convierte en la materia de la oración de toda la Iglesia, que desea así dar testimonio de su fidelidad a Cristo”.

El Santo Padre exhortó a los sacerdotes a no tener miedo “de dedicar mucho tiempo a la lectura, a la meditación de la Escritura y al rezo del Oficio divino. Casi sin saberlo, la Palabra leída y meditada en la Iglesia actúa sobre vosotros y os transforma”.

Luego se dirigió a los seminaristas pidiéndoles conservar “siempre el gusto por la Palabra de Dios. Aprended, por su medio, a amar a todos los que encontréis en vuestro camino. Nadie sobra en la Iglesia, nadie. Todo el mundo puede y debe encontrar su lugar”.

El Papa pidió a los diáconos, que “sin buscar sustituir a los presbíteros, sino ayudándolos con amistad y eficacia” fueran “testigos vivos del poder infinito de la divina Palabra”.

A los religiosos, religiosas y todas las personas consagradas, Benedicto XVI les recordó que su “única riqueza -la única, verdaderamente, que traspasará los siglos y el dintel de la muerte- es la Palabra del Señor. Vuestra obediencia es, etimológicamente, una escucha, ya que el vocablo ‘obedecer’ viene del latín ‘obaudire’, que significa tender el oído hacia algo o alguien. Obedeciendo, volvéis vuestra alma hacia Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. La pureza de la divina Palabra es el modelo de vuestra propia castidad; garantía de fecundidad espiritual”.

Benedicto XVI saludó al final a los representantes de las Iglesias cristianas y de las comunidades eclesiales, “que han venido a rezar fraternalmente las Vísperas con nosotros en esta catedral”.

“Pido ardientemente al Señor que crezca en nosotros el sentido de esta unidad de la Palabra de Dios, signo, prenda y garantía de la unidad de la Iglesia: no un amor en la Iglesia sin amor a la Palabra, no una Iglesia sin unidad en torno a Cristo redentor, no frutos de redención sin amor a Dios y al prójimo, según los dos mandamientos que resumen toda la Escritura santa”, indicó.

Puede leer la homilía completa en:
http://www.aciprensa.com/benedictoxvi/viajes/lourdes08/documento.php?doc_id=207
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¡Como cambian las cosas, sin embargo Dios es el mismo!

¡Ojo! con el Via Crucis de este Viernes Santo - muy importante

Miren, para que estén al tanto, del viacrucis de este viernes santo, en vez de reflexionar en la via dolorosa con Jesús, se nos va decir que reflexionemos en otras cosas “humanas, materiales “ no se habla nada del alma, ni de los pecados, ni de arrepentirse, tampoco se profundiza en nuestro Señor Jesús como se debería hacer y no encuentro algún texto en donde se le pida perdón a Dios ...  ser pobres no es pecado, ser rico tampoco, pero en este viacrucis se le echa la culpa a los ricos y se toma a los pobres principalmente, pero no se habla de la pobreza del alma, esa sí es importante, pues quien tiene un alma pobre , quiere decir que a esa alma le falta Dios y salvar esas almas es más importante que sacarlas de la pobreza material. Ser pobre no es malo, estar enfermo tampoco, son situaciones en donde Dios nos coloca, para acercarnos más a El por ese camino aceptando lo que somos, lo que tenemos y compatiendo o enseñando lo mucho o poco que tengamos o que sepamos. Comparar a Jesús con los presos que se merecen estar presos por sus fechorías, no tienen nada que ver con nuestro Señor Jesús acusado injustamente. Que no nos desvíen de las verdaderas meditaciones del Viacrucis.

El via crucis que se va a decir el viernes en Roma en el Coliseo está lleno de herejías. Lo escribió el Arzobispo Bregantini, que ya salió pintado como payaso celebrando la Santa Misa.http://popefrancisthedestroyer.blogspot.ca/2014/04/send-in-clowns-for-stations-of-via.html?spref=fb

¿Qué otra cosa se podría esperar? Lo malo es que esta gran cantidad de herejías en (observadas por un grupo de sacerdotes, que estudian el desarrollo del nuevo pontificado) en cada una de las estaciones, no sobresalen a primera vista. Pero ya considerándolo a fondo se percibe que todo lo que se dice está orientado al humanismo, es decir en vez de concentrarse en la Pasión del Señor, lo desvían hacia el aspecto humano. Quieren despojar el cristianismo de la cruz, y estàn en ello. Convertirlo en una ciencia difusa, humana, carente de sacralidad. ¡Qué diferencia, por cierto, con aquella otra meditacion del cardenal Ratzinger en el Via Crucis romano del 2004! La mayoría no nota la diferencia y se deja llevar por el sentimentalismo hipócrita que ya está extendido entre los fieles, y que llevan a aplaudir a este "papa", calificándolo de "humilde y lleno de amor fraterno" Comparemos, estemos alertas, no seamos como Judas, no traicionemos a nuestro Señor Jesucristo, este es un extracto de uno de sus mensajes a MDM:

“A partir de la Semana Santa, este año, van a aparecer las grietas y el significado de Mi Crucifixión se torcerá. Nuevas interpretaciones se presentarán ante los fieles y las mentiras brotarán de las bocas de Mis enemigos. Mi Pasión será burlada de sutiles maneras y no serán evidentes de inmediato.Pero cuando el foco/centro se aparte de Mi muerte en la Cruz y cuando gestos extraños tengan lugar en Mis Iglesias, vosotros sabréis que este es el comienzo del desmantelamiento de Mi Iglesia en la Tierra.”

Recibido por correo por R 
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¿Es que todavía no tuvimos bastante?, ¿Jesús, que mas podías hacer?
¡Dolor sobre dolor! Señor, ten piedad de tu pueblo que te ama, que te adora, ¡no mires nuestros pecados!

Isaías 53
7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Preparación para la Pasión -Revelaciones de Jesús a María Valtorta-

597
El miércoles por la noche en el Getsemaní con los apóstoles.


 -Os he dicho: "Estad atentos, velad y orad para no ser sorprendidos bajo el peso del sueño". Pero veo que vuestros ojos cansados desean cerrarse y vuestros cuerpos, incluso sin intención, buscan posturas de descanso. ¡Tenéis razón, pobres amigos míos! Vuestro Maestro ha pretendido mucho de vosotros en estos días, y estáis muy cansados. Pero dentro de pocas horas, ya pocas horas, os alegraréis de no haber perdido ni siquiera un momento de estar a mi lado. Os alegraréis de no haber negado nada a vuestro Jesús. Por lo demás, es la última vez que os hablo de estas cosas de lágrimas. Mañana os hablaré de amor y os haré un milagro que será todo amor. Preparaos con una gran purificación a recibirlo. ¡Oh, cuánto más de acuerdo con mi Yo el hablaros de amor que el hablaros de castigo! ¡Qué dulce me es decir: "Os amo. Venid. ¡Durante toda mi vida he soñado esta hora!" Pero también es amor hablar de muerte. Es amor en cuanto que la muerte, por los que os aman, es la suprema prueba de amor. Es amor porque prevenir a los amigos queridos en orden a la desventura significa afectuosa previsión que quiere verlos preparados, y no desconcertados, cuando llegue la hora. Es amor porque confiar un secreto es prueba de la estima que se tiene puesta en aquellos a quienes se confía. Sé que habéis asediado a Juan con interrogatorios, para saber qué le he dicho cuando hemos estado solos. Y no habéis creído que no hubiera habido palabras. Y, sin embargo, así ha sido; me ha bastado tener al lado
una criatura...

 -¿Por qué, entonces, él, y no otro? - pregunta Judas Iscariote. Y lo pregunta con desdeñosa altanería.
 También Pedro, y con él Tomás y Felipe, dicen:

 -Sí. ¿Por qué a él y no a los otros?

 Jesús responde a Judas:

 -¿Hubieras querido ser tú? ¿Puedes pretenderlo?

 Era una fresca y serena mañana de Adar... Yo era un desconocido viandante que iba por el camino cercano al río...

Cansado, lleno de polvo del camino, palidecido por el ayuno, desarreglada la barba, rotas las sandalias: parecía un mendigo por los caminos del mundo... Él me vio... y me reconoció como Aquel sobre el que había descendido la Paloma de fuego eterno. En esa primera transfiguración mía, ciertamente debió revelarse un átomo de mi divino esplendor. Los ojos abiertos por la Penitencia de Juan el Bautista y los que la Pureza había conservado angélicos vieron lo que los otros no vieron.

 Y los ojos puros llevaron esa visión al tabernáculo del corazón; allí la guardaron como perla en un arca... Cuando se alzaron, pasados casi dos meses, hacia el viandante de rasgadas vestiduras, su alma me reconoció... Yo era su amor. Su primer y único amor. El primer y único amor no se olvida. El alma lo siente venir, aunque se haya alejado, lo siente venir de distantes lejanías, y vibra de alegría y despierta a la mente y ésta a la carne, para que todas participen en el banquete de la alegría de volver a encontrarse y a amarse. Y los labios temblorosos me dijeron: "Te saludo, Cordero de Dios".

 ¡Oh, fe de los puros, qué grande eres! ¡Cómo superas todos los obstáculos! No sabía mí Nombre. ¿Quién era Yo? ¿De dónde venía? ¿Qué hacía? ¿Era rico? ¿Era pobre? ¿Era sabio? ¿Era ignorante? ¿Qué importa saber todo esto para la fe?

¿Aumenta o disminuye ella por saber? Él creía en todo lo que el Precursor le había dicho. Como estrella que transmigra, por orden creador, de uno a otro cielo, se había separado de su cielo, Juan el Bautista, de su constelación, y había venido a su nuevo cielo, el Cristo, a la constelación del Cordero. Y, aun no siendo la estrella más grande, sí es la más hermosa y pura de la constelación de amor.

 Han pasado tres años desde entonces. Estrellas grandes y pequeñas se han unido a mi constelación y se han separado de ella. Algunas han caído y han muerto, otras, debido a densos vapores, se han convertido en estrellas brumosas. Pero él ha permanecido fijo con pura luz junto a su Polar.

 Dejadme mirar su luz. Dos serán las luces en las tinieblas del Cristo: María y Juan. Pero tanto será el dolor, que casi no podré verlas. Dejad que me imprima en mis pupilas estos cuatro iris, trozos de cielo entre pestañas rubias, para llevar conmigo, a donde ninguno podrá venir, un recuerdo de pureza. ¡Todo el pecado! ¡Todo sobre los hombros del Hombre! ¡Oh! ¡Oh! ¡Esta gotita de pureza!... ¡La Madre mía! ¡Juan! ¡Y Yo!... ¡Los tres náufragos a flote en el naufragio de una humanidad en el mar del Pecado!

 Será la hora en que Yo, el retoño de la estirpe davídica, diga, gimiendo, el antiguo suspiro de David. "Dios mío, vuelve tus ojos hacia mí. ¿Por qué me has abandonado? De ti me alejan los gritos de los delitos que he cargado sobre mí por todos...

Soy un gusano, ya no un hombre, el oprobio de los hombres, el desecho de la plebe". (Salmo 22, 2.7.13-19)

 Y escuchad a Isaías: "He abandonado mi cuerpo a los castigadores, mis mejillas a quienes me arrancaban la barba; no he apartado la cara de quien me ultrajaba y me cubría de esputos". (Isaías 50, 6; 53; 63, 3)
 Oíd de nuevo a David: "Estoy rodeado de muchos becerros, asaltado de muchos toros. Contra mí han abierto sus fauces para despedazarme como leones que desmiembran y rugen. Me he derramado como el agua".

 E Isaías completa: "Yo mismo he teñido mis vestiduras". ¡Oh, mis vestiduras! Yo mismo las tiño, no con mi furor, sino con mi dolor y el amor mío por vosotros. Como las dos piedras planas de la prensa, el dolor y el amor me estrujan y me exprimen la Sangre. No soy distinto del racimo prensado, que entró hermoso en el trujal y después era papilla exprimida sin jugo ni hermosura.

 Y mi corazón, hablo con David, "se hace como de cera y se oprime dentro de mi pecho". ¡Oh, Corazón perfecto del Hijo del hombre!, ¿en qué te conviertes ahora? Semejante al que una vida de crápula deshace y enerva. Todo mi vigor se seca. La lengua se me queda pegada a1 paladar por fiebre y agonía. Y la muerte va avanzando con su ceniza asfixiante y cegadora.

 ¡Y todavía sin piedad! "Una manada, una jauría de perros me asedia y me muerde. En las heridas caen los mordiscos, en los mordiscos los palos. Ni un jirón de mi carne queda sin dolor. Los huesos chirrían dislocados con el infame estiramiento. No sé dónde apoyar mi cuerpo. La terrible corona es círculo de fuego que penetra en la cabeza. Estoy colgado de los pies y las manos traspasados. Elevado presento mi cuerpo al mundo y todos pueden contar mis huesos"...


Capitulo 597, El miércoles por la noche en el Getsemaní con los apóstoles. del libro:
 "Preparación para la Pasión" uno de los 11 Tomos de: "Los Evangelios como me fueron revelados", revelados por Jesús a María Valtorta.

Ver completo en :
http://www.reinadelcielo.org/downloads/6preparacion.pdf

http://www.reinadelcielo.org/estructura.asp?intSec=2&intId=130
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También extractos de la Pasión, del libro: "La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo", según revelaciones a la  Beata Ana Catalina Emmerick.

http://www.corazones.org/santos/ana_catalina_emmerick_libro1.htm